"Lo que el viento no se llevó" (Un testimonio imprescindible) [In English too]

Mi más cordial saludo para todos los integrantes de esta tan entrañable y al mismo tiempo utilísima comunidad #hivebookclub. Aunque no suelo presentar reseñas por acá —principalmente por la presión de tiempo— sí poseo una extensa lista de obras que me gustaría sugerir para invitar a su lectura.
Hay obras que, bien por su carácter universal o bien por lo extensamente promocionadas que han sido, o por ambas cosas a un mismo tiempo, resultan fáciles de que lleguen a las manos de los lectores una vez que se les ha despertado el interés por leerlas, tras una bien sugestiva presentación.

Otras obras no tienen igual fortuna, y no precisamente porque no posean sobrada calidad, sino por la limitada difusión de las mismas. A tono con uno de los acontecimientos más recientes y dolorosos que han golpeado a los países caribeños —sin que quepa la menor duda— los estragos dejados por el huracán Melissa, sobre todo en Jamaica, Cuba, Haití y República Dominicana, me vino a la memoria el libro testimonial "Contra el agua y el viento", escrito por una de las figuras más importantes de la Revolución Cubana, el Comandante Juan Almeida Bosque. Esa es mi propuesta para todos los amigos lectores.
Es un libro del género Testimonio que se refiere de una manera que me atrevo a calificar de insuperable a las experiencias vividas por el autor en relación con el huracán más impactante —junto al de 1932 que arrasó Santa Cruz del Sur— que ha golpeado a Cuba. Como muchos ya se habrán percatado, me refiero al huracán "Flora", que tuvo una trayectoria anómala y muy peculiar, junto a las catastróficas consecuencias que ocasionó en el oriente cubano.

El libro mereció el Premio Casa de las Américas en 1985 y no es sólo una crónica de un desastre. El talento literario y la sensibilidad de su autor, da fe de la resiliencia de los cubanos, de su capacidad de reponerse y cómo fue un suceso que marcó un antes y un después en la historia de la mayor de las Antillas, desde una evocación que incluye al lodo, a la casi indescriptible devastación que el agua y el viento pueden ocasionar, y a la desesperación de quienes deben enfrentar el dolor y la pérdida, pero pese a ello, sostienen la esperanza como estandarte, la solidaridad y la fuerza de un pueblo que no contempla una actitud de derrota. Juan Almeida, con un estilo sobrio, directo y admirablemente empático, nos permite a los que no vivimos ese golpe como de "heraldos negros", transitar por caminos que se inundaron en las actuales provincias de Granma, Holguín y Las Tunas, donde la muerte rondaba por cada esquina, y donde aún mismo tiempo florecían las mayores grandezas de los pobladores.

Lo que más me impacta de esta obra —y lo digo desde mi imperfecta condición de lector que a veces se deja llevar más por la emoción que por el análisis técnico— es cómo logra que uno se sienta allí, en medio del desastre, viendo cómo se organizan los rescates, cómo se improvisan soluciones, cómo se llora a los que se pierden y se abraza a los que se salvan. No hay heroísmo vacío ni épica artificial, ello ya me lo habían contado mis padres, pero el testimonio significó para mí y sé que para todos los que se motivan a la lectura, como estar allí, vivenciándo todo. De sobra sabemos que un testimonio así, hoy más que nunca tiene una esencial vigencia, por el cambio climático, porque todos sabemos que los huracanes o ciclones cada vez serán más frecuentes e intensos y peligrosos.

El huracán Flora tuvo una trayectoria errática, yo diría que caprichosa, se mantuvo girando sobre el oriente cubano durante más de cuatro días. Sus lluvias fueron tan intensas que rompieron todos los récords hasta entonces vistos. La preparación de la población era mucho menor que la actual, porque como ya comentaba fue una escuela y de aquella tragedia surgió un sistema de Defensa Civil en Cuba que ha significado mucho mayor protección y cultura sobre el tema y que mucho ha protegido a Cuba de que huracanes posteriores tuvieran consecuencias evitables dentro de lo que se puede evitar en una catástrofe natural; puso de manifiesto el valor de la unidad, la solidaridad y la simbiosis entre el pueblo y las autoridades.
Más de mil personas murieron, miles de viviendas fueron destruidas, y los campos quedaron arrasados. Pero lo que "Contra el agua y el viento" nos testimonia es que, en medio de esa tragedia, surgió una voluntad colectiva de reconstrucción que merece ser contada, releída, aprendida. No sólo en Cuba, sino en todas las naciones donde ocurren fenómenos de esta naturaleza.

Amigos desde que leí por primera vez el libro y sobre todo en los meses que se incluyen dentro de la temporada ciclónica me ha parecido que bien merece ser reeditado, hay muchas enseñanzas y mucha sabiduría acumulada en él, vivencias, criterios que no todos conocen, que no todos en los países que suelen ser azotados por ciclones, tienen incorporados a la percepción del riesgo, humano y material.
Con el cambio climático haciendo de las suyas, huracanes cada vez más intensos y frecuentes, con comunidades enteras en riesgo, "Contra el agua y el viento", es un portento de sabiduría y de memoria.

Como siempre se dice ya cuando el azote de un ciclón es inminente lo más importante es sobrevivir, pero no basta con sobrevivir, es necesario prepararse bien, que nos organicemos, nos cuidemos todos, comunitariamente y luego asumir la recuperación con estoicismo y echando mano a toda nuestra voluntad y fortaleza, sin olvidar jamás el contrato social que nos asiste.
Cuba cuenta con el que para mí es uno de los mejores meteorólogos del mundo, yo reseño el testimonio de Juan Almeida, aspirando a que tanto en Cuba como en otros países se pudiese reeditar, con un excelente, con un magistral prólogo del Doctor en Ciencias José Rubiera, que con su sapiencia hilvane el valiosisímo libro sobre el que hoy les escribo con ciclones, muchos ciclones que azotaron después nuestra región.

Bien puedo imaginar fotos de archivo tanto del tristemente icónico Flora, con muchos posteriores, porque resulta perentorio, urgente defendernos más y unirnos más todas las naciones en riesgo.
Apunto que el libro nos recuerda que la literatura no es sólo entretenimiento. Es también advertencia y precaución, consejo. Y "Contra el agua y el viento" es eso y más. Un canto a la vida en medio de la muerte. Una clase de humildad y coraje. Nos convida a no olvidar.

Amigos de #hivebookclub, les dejo esta propuesta con el corazón en la mano. Ojalá puedan conseguir el libro y leerlo, ojalá se reedite. Qué tal si me acompañan entre editoriales, bibliotecas e instituciones culturales con mi sugerencia de que "Contra el agua y el viento" merece volver a circular, merece ser leído por quienes aún no lo conocen, merece ser parte de nuestras precauciones del presente y el futuro.

Agradezco mucho que me hayan leído. Voto porque esta comunidad sea siempre un espacio donde la palabra nos haga crecer, porque la lectura nos salve.
Texto de mi autoría, libre de IA.
Imágenes tomadas por mí de la segunda edición del libro reseñado de 1986.
Versión en inglés realizada con apoyo de DeepL app.

ENGLISH VERSION

"What the Wind Did Not Take Away (An Essential Testimony)"
My warmest regards to all the members of this endearing and at the same time immensely useful community, #hivebookclub. Although I don’t usually share reviews here —mainly due to time constraints— I do have an extensive list of works I’d love to suggest to encourage their reading.
There are books that, either because of their universal character or because they’ve been widely promoted —or both at once— easily find their way into readers’ hands once interest has been sparked by a compelling presentation.

Other works are not as fortunate, and not because they lack quality, but due to their limited dissemination. In tune with one of the most recent and painful events that have struck Caribbean nations —without a shadow of a doubt— the havoc wreaked by Hurricane Melissa, especially in Jamaica, Cuba, Haiti, and the Dominican Republic, I was reminded of the testimonial book Against Water and Wind, written by one of the most important figures of the Cuban Revolution, Commander Juan Almeida Bosque. That is my proposal for all my fellow readers.
It’s a book in the Testimonial genre that refers —in a way I dare to call unsurpassable— to the experiences lived by the author in relation to the most impactful hurricane —alongside the one in 1932 that devastated Santa Cruz del Sur— ever to hit Cuba. As many may have already guessed, I’m referring to Hurricane Flora, which had an anomalous and very peculiar trajectory, along with the catastrophic consequences it brought to eastern Cuba.

The book was awarded the Casa de las Américas Prize in 1985 and is not merely a chronicle of a disaster. The literary talent and sensitivity of its author bear witness to the resilience of the Cuban people, to their ability to recover, and to how this event marked a before and after in the history of the largest of the Antilles. It evokes the mud, the nearly indescribable devastation that water and wind can cause, and the despair of those who must face pain and loss —yet still hold hope as a banner, solidarity as a force, and the spirit of a people that does not contemplate defeat. Juan Almeida, with a sober, direct, and admirably empathetic style, allows those of us who did not live through that blow —like “black heralds”— to walk through the flooded paths of what are now the provinces of Granma, Holguín, and Las Tunas, where death lurked around every corner, and where, at the same time, the greatest virtues of the people blossomed.

What impacts me most about this work —and I say this from my imperfect condition as a reader who sometimes lets emotion prevail over technical analysis— is how it makes you feel like you’re there, in the midst of the disaster, witnessing how rescues are organized, how solutions are improvised, how the lost are mourned and the saved embraced. There is no hollow heroism or artificial epic —my parents had already told me that— but the testimony meant for me, and I know for all who are moved to read it, like being there, living it all. We know well that a testimony like this, now more than ever, holds essential relevance —because of climate change, because we all know hurricanes and cyclones will become more frequent, more intense, and more dangerous.
Hurricane Flora had an erratic, I’d say whimsical, trajectory. It hovered over eastern Cuba for more than four days. Its rains were so intense they broke all records seen until then. The population’s preparedness was far less than it is today, because —as I mentioned— it was a school, and from that tragedy emerged a Civil Defense system in Cuba that has meant much greater protection and awareness on the subject, and which has helped prevent avoidable consequences from later hurricanes, within the limits of what can be avoided in a natural catastrophe. It highlighted the value of unity, solidarity, and the symbiosis between the people and the authorities.

More than a thousand people died, thousands of homes were destroyed, and the fields were ravaged. But what Against Water and Wind testifies is that, in the midst of that tragedy, a collective will to rebuild emerged —a will that deserves to be told, reread, and learned from. Not only in Cuba, but in all nations where phenomena of this nature occur.
Friends, since I first read the book —especially during the months that fall within hurricane season— I’ve felt it truly deserves to be republished. There are many lessons and much accumulated wisdom in it, experiences and insights not everyone knows, not everyone in countries often battered by cyclones has incorporated into their perception of human and material risk.

With climate change doing its thing, hurricanes growing ever more intense and frequent, with entire communities at risk, Against Water and Wind is a marvel of wisdom and memory.
As is always said when the strike of a cyclone is imminent: the most important thing is to survive. But surviving is not enough. We must prepare well, organize ourselves, care for one another as a community, and then face recovery with stoicism, drawing on all our will and strength, never forgetting the social contract that binds us.

Cuba has —in my view— one of the best meteorologists in the world. I review Juan Almeida’s testimony hoping that both in Cuba and in other countries it might be republished, with an excellent, masterful prologue by Doctor of Science José Rubiera, who, with his wisdom, could weave this invaluable book I write to you about today with the many cyclones that later struck our region.
I can well imagine archival photos of the sadly iconic Flora, and of many that followed, because it is urgent —imperative— that we defend ourselves more and unite more, all nations at risk.

I point out that the book reminds us literature is not just entertainment. It is also warning and caution, advice. And Against Water and Wind is all that and more. A hymn to life in the midst of death. A lesson in humility and courage. It invites us not to forget.

Friends of #hivebookclub, I leave you this proposal with my heart in my hand. I hope you can find the book and read it. I hope it is republished. How about joining me among publishers, libraries, and cultural institutions with my suggestion that Against Water and Wind deserves to circulate again, deserves to be read by those who still don’t know it, deserves to be part of our precautions for the present and the future.

Thank you so much for reading me. I vote for this community to always be a space where words help us grow, where reading saves us.
Text authored by me, free of AI.
Images taken by me from the second edition of the book (1986).
English version created with support from the DeepL app.

¡Cuantos libros de la Casa de las Américas me traje de la Habana; muchos!
Premiados, novelas, poesías; además, estuve allí, en la Casa; entonces estaba Ferrer de director -creo que ese era su nombre-.
Me traje maravillosos recuerdos.
Gracias por esta referencia, @psicologopoeta
Saludos cordiales mi estimado amigo @emiliorios. Realmente Casa de las Américas ha premiado o en sus concursos han participado mucho de lo mejor de la Literatura Latinoamericana y un poco más allá. Es una labor encomiable la que realiza Casa de las Américas. Me alegro que tenga varios ejemplares de su colección. Creo que fue a Roberto Fernández Retamar a quien conoció cuando vino a Cuba. Gracias por leerme y cuando vuelva a Cuba no deje de avisarme, vivo un poco distante de La Habana pero bien valdría la pena acudir para conocer a un gran amigo como ya lo considero a usted. Reciba un gran abrazo.
Es correcto, es Retamar; él asumió en 1986 hasta que murió.
Un poeta maravilloso.
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Muy agradecido por su apoyo. Como siempre digo y trato de actuar en consecuencia, nos motiva a seguir trabajando con la mayor calidad que nos es posible para seguir contribuyendo humildemente al crecimiento colectivo aquí en nuestro maravillosa ecosistema #hive.
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STOPGreat review! Contra el agua y el viento is truly a book that is not only history but also a source of education and inspiration.
Así es.
Quite so.
¡Enhorabuena!
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Cordialmente
El equipo de CHESS BROTHERS
Me llamó muchísimo la atención, me gustan los libros así, de tipo anecdóticos, se puede aprender mucho de ellos.
En verdad el flora fue todo un suceso triste para cuba que no se olvida. Creo que ahora tampoco olvidarán a Melissa. Por cierto dos huracanes destructivos con nombre de mujer.